Audi TT Roadster 2008

Doce segundos son los que tarda el nuevo Audi TT Roadster 2008 en poner los sentidos al descubierto. O lo que es lo mismo, el tiempo que emplea el sistema eléctrico en plegar y guardar la capota para transformar la personalidad de este súper deportivo alemán.

La nueva generación descapotable del Audi TT supera cualquiera de las expectativas generadas desde su anuncio, una vez visto y probado el TT Coupé de segunda generación, el modelo que ha servido para el desarrollo del convertible. Por diseño e ingeniería mecánica, en una máquina netamente mejor que su antecesora.

Si en la generación anterior las similitudes entre la versión de carrocería coupé o cerrada y la cabrio eran manifiestas desde la perspectiva estética, en los dos nuevos hay marcadas diferencias, aunque se mantengan rasgos comunes.

La principal está en la silueta, en el coupé marcada por la línea de caída del techo hacia la trasera y en el cabrio por la forma de cúpula condicionada por la forma de la capota.

La observación del nuevo TT nos forma una imagen de mayores proporciones y es que ha crecido 5.3 pulgadas más de largo, mientras el ancho es 3 pulgadas mayor y la altura sólo 8 milímetros.

El diseño, aún manteniendo las bases del antecesor, ha mejorado la presencia del TT, con un mayor músculo visual en la parte frontal, especialmente, con una parrilla que en principio puede parecer exagerada de tamaño, que combinada con las dimensiones del capó proporcionan un aspecto contundente y agresivo.

En la zona trasera un faldón del que emergen dos salidas e escape y sobre el capó trasero un pequeño alerón que emerge cuando se sobrepasan las 75 millas por hora o bien a voluntad del conductor accionando un botón detrás de la palanca de cambio, al lado del de intermitencia de emergencia (warning), que por su posición se acciona involuntariamente con mucha frecuencia.

Las luces traseras están compuestas por reflectores tubulares que crean una iluminación de gran calidad y nada vista en el mercado del automóvil.

El habitáculo también es mayor que el del anterior roadaster, con el diseño característico de Audi, con una mejor textura de los materiales y de los ajustes de los distintos elementos.

La capota blanda de es una gran calidad de ejecución, que se percibe con el coche en movimiento, ya que su sonoridad aerodinámica es muy reducida, aunque en la unidad probada se generaba ruido intenso en las uniones con los cristales de las ventanillas.

Con la capota plegada, la arquitectura del parabrisas protege bien del choque con el aire y de las turbulencias, neutralizadas en gran medida por una rejilla que emerge accionada de forma eléctrica detrás de los asientos.

La nuevas proporciones y el nuevo diseño han hecho que el esta segunda generación del TT Roadster mejore netamente en coeficiente aerodinámico, ya que ha pasado de coeficiente de 0.34 en el anterior a 0.32 en el actual.

La capota, especialmente ligera a pesar de su robustez, se pliega en forma de zeta sin más operación que la de pulsar un botón y se guarda, sin ocupar mucho espacio en la trasera del habitáculo, dejando un generoso espacio para el equipaje, si bien no ha de ser abultado, porque la altura del espacio de carga es limitado.

Uno de los grandes argumentos del TT ha sido siempre su gran rigidez estructural estática, un atributo que en esta generación ha sido mejorado en 120%. Esta condición se traduce en una menor vibración de la carrocería y en un comportamiento dinámico más consistente, preciso y rápido.

Para conseguir este comportamiento, los diseñadores han utilizado un sistema híbrido de construcción del chasis, ya que han sido empleados el acero y el aluminio, en ambos casos de distinta resistencia.

El esqueleto de la carrocería está construido en perfiles de aluminio extrusionado y de piezas de fundición a presión, en tanto que el resto es de acero de alta resistencia, concentrado en la parte trasera del coche para equilibrar los pesos. El aluminio supone  57% del peso total del coche.

El modelo de prueba venía con el motor de seis cilindros y 3.2 litros que genera 250 caballos de fuerza y está acoplada a una transmisión manual de seis cambios que se opera una facilidad que enamora.

Según los cálculos oficiales, el rendimiento de gasolina es de 17 millas por galón en ciudad y 24 en carretera, y aunque todo mundo sabe que eso solo se consigue en condiciones ideales de manejo pausado, la verdad es que da gusto sacarle todo el jugo al combustible aunque el rendimiento sea significativamente menor.

Con suspensión independiente en las cuatro ruedas y el sistema de tracción total Audi Quattro, el manejo del TT Roadster es el de un auténtico deportivo.

En este caso, la tracción es delantera y es esta parte la dominante en las reacciones extremas de conducción, con un subviraje que nunca llega a ser exagerado.

En condiciones normales, el comportamiento del coche es neutro, respondiendo la parte delantera con respuestas rápidas y precisas a las órdenes de volante, seguidas también muy rápidamente por el tren trasero, que se inscribe en las curvas como no lo hacía su antecesor, que era muy nervioso de la parte trasera.

Y en conducción deportiva hay que exigir mucho al chasis para que aparezca su tendencia natural a no seguir la orden de dirección. Tranquiliza que cuando se manifiesta el subviraje no es muy acentuado.

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